Un reclutador dedica de media unos segundos a la primera lectura de un currículum antes de decidir si sigue leyendo. Eso significa que la estructura importa casi tanto como el contenido: si la información clave está bien organizada y es fácil de encontrar, tienes más opciones de que se detengan a leer el resto.
Los apartados imprescindibles
- Datos de contacto: nombre, teléfono, correo profesional, ciudad (no hace falta la dirección completa) y, si tienes, enlace a tu perfil de LinkedIn.
- Resumen o perfil profesional: 2-3 líneas arriba del todo que digan quién eres y qué aportas — es lo primero que se lee, igual que el titular de LinkedIn.
- Experiencia laboral: en orden cronológico inverso (lo más reciente primero), con puesto, empresa, fechas y 2-4 líneas de logros y responsabilidades por puesto.
- Formación: estudios relevantes, también en orden inverso.
- Habilidades: técnicas (herramientas, idiomas, software) y, si aportan valor real, algunas blandas.
Qué sobra en la mayoría de los casos
Una foto de carné pequeña y mal iluminada, una lista interminable de "intereses personales" sin relación con el puesto, o experiencia laboral de hace más de 10-15 años que no aporta al perfil actual. El objetivo no es contarlo todo, sino contar lo relevante para el puesto al que optas.
Logros, no solo tareas
"Encargado de la gestión de redes sociales" dice mucho menos que "Gestioné las redes sociales de la empresa, aumentando el engagement un 30% en seis meses". Siempre que puedas, cuantifica: cifras, porcentajes, tamaños de equipo o de presupuesto.
Extensión y formato
Una o dos páginas como máximo en la mayoría de sectores (una sola si tienes menos de 5-8 años de experiencia). Usa un formato limpio, con tipografía legible y suficiente espacio en blanco — un CV apretado y con letra diminuta cansa a quien lo lee, por muy buena que sea la experiencia detrás.
Si tu CV lleva foto, que esté a la altura del resto del documento. Puedes preparar tu foto para el CV gratis, sin registro, en menos de un minuto.